Por Ant.
No es novedad que dentro del género del Black Metal existan disputas artísticas con la intención de adueñarse de los derechos de bandas, como ocurrió con Immortal o Gorgoroth, por mencionar algunos casos recientes.
Batushka ha dado de qué hablar recientemente; una banda polaca que vio disparada su carrera gracias a sus imponentes presentaciones que evocan a la iconoclasia ortodoxa y sus poderosos riffs acompañados de coros sombríos y voces demoniacas que se fusionan para lograr uno de los actos musicales más impresionantes que los llevó a la gestación de su primer disco denominado Litourgiya, que más tarde se convertiría en un disco de culto y posteriormente sería relanzado con la firma Metal Blade Records.
Es importante mencionar que en esta historia existen 2 personajes importantes. Por un lado tenemos al fundador y guitarrista Kryzstof Drabikowski, quien en el 2015 inició Batushka únicamente como un proyecto musical sin la intención de hacer presentaciones en vivo. Para este proyecto sumó al vocalista Bartłomiej Krysiuk y al baterista Martin Bielemik.
Si bien Drabikowski era el compositor y la fuerza creativa de Batushka, Krysiuk fue una parte importante en el desarrollo de la imagen de la banda y que, de una u otra forma, fue parte del crecimiento a nivel internacional de la misma y que los llevó a firmar con Metal Blade, esto de acuerdo a palabras del propio Bielemik.
Todo parecía que se complementaba de manera adecuada con las mentes creativas de Drabikowski y Krysiuk y el proyecto iba por buen camino hasta que a inicios del 2019 inició una disputa por los derechos de la banda. A Drabikowski le fue negado el control de las redes sociales y su versión de la historia fue dada a conocer por medio de foros y videos alegando el derecho a su proyecto que continuaría por su cuenta.
Por otro lado, Krysiuk tomó las riendas de la banda y la comunicación con la disquera para manejar su versión de la historia alegando la poca importancia que el guitarrista le daba a la banda aunado a su personalidad violenta. Ambas versiones desacreditaban uno al otro atrayendo simpatizantes y autodenominándose como las versiones oficiales de Batushka.
Esta disputa, que llegó a términos legales, dejó en el camino dos discos de larga duración y la oportunidad de que la música de ambas versiones hable por sí misma. La comparación de ambos discos es subjetiva, independientemente de la resolución legal de los derechos de la banda, cada fan tendrá su punto de vista y podrá determinar qué versión es la más acercada al Batushka inicial, cuál es la más innovadora y cuál merece ser la continuación del legado de esta impresionante banda.
Hospodi fue lanzado el 12 de Julio de manera “oficial” por el grupo de Bartłomiej Krysiuk bajo el sello Metal Blade.
Después de haber escuchado Panihida, era de esperar una contundente respuesta sin embargo la diferencia fue abismal entre una y otra entrega. Wozglas abre el primero de 10 tracks comprenden este segundo rito eclesiástico que se ve interrumpido por Dziewiatyj Czas donde se muestra por primera vez la enorme brecha musical que existe con el trabajo de Drabikowski.
Contrario a lo que se pensaría de forma purista, el disco es aceptable y presenta ciertos momentos brillantes como Powieczerje, Polunosznica o Pierwyj Czas, conserva los elementos vocales aportados por Krysiuk, pero no es lo que esperaríamos de Batushka. La producción en Hospodi se enfoca más a lo melódico y ambiental de instrumentos principales que se alejan de la crudeza del Black Metal, atiborrando de pasajes sombríos con riffs largos que dan la sensación de exceder su duración esperada y suelen aburrir al escucha después de un tiempo.
Al escuchar este disco, se percibe un estilo forzado que busca imitar la fórmula musical que definió Drabikowski de cierta forma. A diferencia de Panihida, Hospodi carece de esa coherencia entre track y track rompiendo el tejido musical y presentando cantos individuales en lugar de una liturgia completa. El disco bien podría ser presentado bajo otra nombre de banda y no habría ningún problema, sin embargo, intentan vendernos la idea de Batushka con nuevos aires que quedan fuera del contexto de la banda.
No es solo la imagen lo que define a una banda sino la música. Es un hecho que una banda siempre podrá dejar de lado su performance pero nunca su música que les da su sello inconfundible. Es difícil poner en comparación dos versiones de una misma banda y con propuestas tan diferentes que llevarán a elegir un favorito, pero como siempre, la mejor versión siempre será aquella que logre conjuntar todos los elementos artísticos.
Batushka se definió por sus presentaciones en vivo y su propuesta musical distinta; cualquier entrega que carezca de estos dos elementos simplemente será una replica de la banda. Sería interesante ver que Drabikowski y Krysiuk dejaran sus diferencias a un lado y nos entregaran una nueva producción que seguramente dejaría muy por detrás estos dos discos.
- - 7/107/10
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