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El ser innovador dentro del ámbito musical y tener tiempo para dar lo mejor de sí en dos bandas de distintos géneros, es lo que Michael Amott realiza desde hace más de 20 años. ¿A qué se le puede llamar “madurez” musical? Algunos podrían considerarla como la evolución y definición de un estilo, el cual una agrupación va marcando a lo largo de su discografía; otros tantos podrían opinar que son aquellas experimentaciones que se realizan para lograr un sonido diferente en cada disco sin perder la base con la que ésta inició. De igual manera pueden hacer referencia a las etapas que sufren los músicos para poder encontrar su propia manera de destacar entre todas las demás bandas dentro del género en el que se desenvuelven.
Sea cual sea la definición, todas se refieren a la constante renovación, siempre tratando de dejar impregnada su esencia en cada canción. Dicho lo anterior, es inevitable tener altas expectativas cuando tienes en el mismo estudio a personajes que han estado en agrupaciones excelentes y reconocidas mundialmente (Carcass, Opeth, Mercyful Fate, Shining) que desde 1993 nos han deleitado con los más profundos y psicodélicos ambientes que generan con cada álbum.
Como era de esperarse, el disco tiene una fuerza impecable de principio a fin, transportándonos –como ya es costumbre- a épocas pasadas con el hipnotizante sonido de los teclados, combinados en perfecta sincronía con la batería penetrante, el bajo envolvente y la voz con el tono adecuado para guiarnos por ambientes oscuros, en ocasiones tranquilos pero siempre con la sensación de que la bestia está por despertar.
Evidentemente, no podemos dejar de lado los riffs despiadados que nos regala Michael Amott pista tras pista; la forma en que nos atrapa desde los primeros segundos es magistral y nos mantiene a su merced durante los once tracks que componen esta espectacular grabación. Al escuchar los primeros cortes, es inevitable comenzar a marcar el ritmo con el pie mientras la distorsión cubre totalmente nuestros oídos. La nostalgia provocada por temas como “Hard Road”, que recuerdan el sonido clásico del apogeo del heavy metal, nos abre un horizonte bastante interesante de paisajes vestidos de cuero y estoperoles.
Toda la esencia que transmite es el resultado de Spiritual Beggars combinado con Deep Purple. Es aquí donde se hace énfasis en el cambio que se ha producido y le da una particularidad a esta nueva producción al acercarse un poco a otro tipo de sonido al enfoque de sus inicios.
Cuando se piensa en stoner, una de las principales bandas que llega a la mente es Kyuss, banda que se considera pionera en el género; si conoces su discografía, “Sunrise to Sundown” no está nada alejado de ser un disco tan sublime como los que Kyuss hizo en su apogeo musical. Canciones como “Lonely Freedom”, “What Doesn’t Kill You” y “Southern Star” son las perfectas referencias a lo que son las canciones hechas con pasión y muy al estilo del ‘Rock del Desierto’.
Es entonces cuando llegamos a la mitad del álbum y los suecos nos regalan “No Man’s Land”, una pieza densa, perfectamente instrumentada y llena de contrastes, demostrando las diversas influencias y capacidades de composición de la banda. Entre el poder y la calma que posee esta pista, se puede sentir que estamos siendo preparados para descender al abismo contundente que se desata al llegar la puesta de sol.
Coqueteos con el sonido del Masters of Reality de Black Sabbath hacen de este viaje algo memorable y, casi sin darnos cuenta, llegamos a “Southern Star”, nos enfrentamos cara a cara con los últimos segundos de este álbum, que es completado con total exactitud, despertando inmediatamente el deseo de volver a recorrer el camino, escuchar de nuevo el disco entero, disfrutarlo de sol a sol.
¿Cómo podemos resumir tan renovada creación? Tal vez con la palabra incomparable. Todo el viaje contiene nuevos rasgos que no habían sido incluidos en los anteriores discos, se escucha la transformación y el empeño que a lo largo de todos estos han perfeccionado.
Deducir que es de los mejores álbumes que podríamos tener en este 2016 puede sonar muy precipitado pero, es de los pocos discos en donde a la primera escucha te quedas impactado y satisfecho. Es un disco bastante completo que transmite frescura que te hará erizar la piel más de una vez, al mismo tiempo te transportará a otras épocas y te dejará un gran sabor de boca por la potente voz de Apollo Papathanasio. El stoner está de regreso, Michael Amott nos vuelve a sorprender.
Michael Amott – Guitarra
Apollo Papathanasio – Voz
Ludwig Witt – Batería
Sharlee D’Angelo – Bajo
Per Wiberg – Teclado, Voz
1.Sunrise to Sundown
2.Diamond Under Pressure
3.What Doesn’t Kill You
4.Hard Road
5.Still Hunter
6.No Man’s Land
7.I Turn to Stone
8.Dark Light Child
9.Lonely Freedom
10.You’ve Been Fooled
11.Southern Star
Calificación: 10
Por: Mizh, Kristy y Ruth.