Ozzy Osbourne y Lemmy Kilmister (Motörhead) compartieron una amistad cercana durante décadas. Hoy, tras el fallecimiento del legendario vocalista de Black Sabbath, ha salido a la luz un dato inquietante que ambos tienen en común: murieron exactamente 17 días después de su última presentación en vivo.
Más allá de la coincidencia, el dato refleja la ética de trabajo de dos figuras que se entregaron por completo a su arte, incluso enfrentando condiciones médicas que habrían retirado a cualquier otro artista —o persona común— del escenario.
Ambos encarnaron lo que significa ser un intérprete: tener una necesidad visceral de estar sobre el escenario, frente a miles de fans. Y aunque muchos músicos anuncian su retiro para luego regresar, para figuras como Lemmy u Ozzy esa decisión no obedece a estrategias de mercadotecnia, sino a la incapacidad de adaptarse a una vida tranquila fuera de los reflectores. En sus casos, una carrera que abarcó toda la vida no fue casualidad: su motor fue siempre la realización personal que les daba el acto mismo de presentarse en vivo.
Existen muchos otros ejemplos en la historia del rock, pero pocos vivieron el estilo de vida del rock ‘n’ roll con tanta intensidad y coherencia como ellos.
La última presentación de Motörhead y la muerte de Lemmy
El último año de vida de Lemmy fue doloroso incluso para quienes lo seguían a la distancia. Pese a que su salud se deterioraba con rapidez —al grado de necesitar ayuda para caminar al escenario—, Motörhead se negó a cancelar sus compromisos. No había ilusiones: Lemmy estaba muriendo, pero su única motivación era seguir tocando.
Sus compañeros de banda le suplicaron que priorizara su salud, pero Lemmy no era así. Incluso en sus últimos días, pidió que le llevaran a su departamento su máquina favorita de videopóker desde el Rainbow Bar & Grill, su bar de siempre. Hizo lo que amaba hasta el final. Eso incluía seguir jugando cartas… de forma digital.
El último concierto de Motörhead se realizó el 11 de diciembre de 2015 en Berlín, Alemania. Fue una presentación cargada de clásicos, con el trío entregándose al público una vez más.
Diecisiete días después, y solo cuatro días después de cumplir 70 años, Lemmy falleció. Las causas fueron múltiples: cáncer de próstata, arritmia cardíaca e insuficiencia cardíaca congestiva.
En una entrevista de 2016 con The Sydney Morning Herald, Ozzy Osbourne reveló que habló con Lemmy apenas dos días antes de su muerte. «No podía entender lo que me decía, estaba tan enfermo», comentó. “Y apenas dos días antes, había sido su cumpleaños número 70… No hay nada bueno en morirse a ninguna edad, ¿sabes? Pero como él me dijo en una de nuestras últimas conversaciones: ‘Viví mi vida como quise vivirla. ¿Quién quiere llegar a los 85? Estás aburrido hasta la madre’”.
El último show de Ozzy y su despedida
El cierre de la historia de Ozzy Osbourne parece sacado de una película. Es tan monumental que podría dejar a futuras generaciones preguntándose: “¿Eso realmente pasó?”.
Tras la gira de despedida de Black Sabbath en 2017, Ozzy inició su propia gira final como solista: No More Tours 2 (una continuación del tour que inicialmente marcó su supuesto retiro en los años 90). Sin embargo, la gira se vio truncada constantemente: primero por la pandemia, y luego por una serie de problemas de salud que se acumularon con los años.
El avance del Parkinson y varias cirugías de cuello y columna —tras una caída nocturna que desplazó varillas metálicas en su cuerpo— acabaron por impedirle caminar. Aun así, Ozzy siguió activo: grabó dos discos, condujo un pódcast con su familia y el músico Billy Morrison, e incluso expresó su deseo de volver a presentarse en vivo.
Las giras fueron canceladas y reprogramadas una y otra vez, y aunque parecía poco probable que Ozzy pudiera regresar a los escenarios, la sola idea de hacerlo le dio un propósito claro en sus últimos años.
Ozzy dio su último concierto en Aston, la ciudad que lo vio nacer y donde todo comenzó. Diecisiete días después, falleció.