Después de años de negociaciones, Pink Floyd finalmente ha vendido los derechos de su catálogo de música grabada a Sony en un acuerdo valorado en 400 millones de dólares. Este acuerdo incluye no solo la música grabada de la banda, sino también el uso del nombre de la banda y la imagen de los artistas, lo que otorga a Sony los derechos sobre la comercialización y posibles derivados de su obra.
Es importante señalar que este acuerdo no incluye los derechos de las composiciones, solo los de las grabaciones, conocidas como los derechos de grabación o «master». Los derechos de composición seguirán siendo propiedad de los miembros de la banda.
El acuerdo sigue a comentarios recientes de David Gilmour, quien expresó su deseo de desprenderse de las decisiones y disputas relacionadas con el mantenimiento del catálogo de la banda. En una entrevista con Rolling Stone, Gilmour mencionó que vender el catálogo sería un «sueño» para él, no por razones financieras, sino para evitar los conflictos que han surgido durante años en relación con los derechos del grupo.
En 2022, varias compañías, incluidas Sony, Warner, BMG y Primary Wave, estuvieron en negociaciones para adquirir los derechos de Pink Floyd, pero las tensiones entre los miembros de la banda retrasaron el acuerdo. Finalmente, Sony ha logrado concretar la compra.
Esta venta marca un hito importante en la gestión del legado de Pink Floyd, permitiendo que Sony maneje las grabaciones y la imagen de una de las bandas más icónicas de la historia del rock.