- - 9/109/10
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Opeth regresa con una nueva producción llamada Pale Communion y lo primero que pensé cuando lo escuché es que habría varios “puristas” o “true” metaleros que lo desestimarían de inmediato. ¿Por qué digo esto? Porque ya se veía venir que la banda está en otra faceta de su carrera y además, porque había (o hay) varios fans -me incluyo- que tenemos fe en que algún día nos vuelvan a regalar una joya tipo Blackwater Park o mínimo un Watershed.
Este disco está compuesto por ocho temas muy bien elaborados y ejecutados por una excelsa banda de rock progresivo. Sí, Opeth ha dejado de lado el death metal progresivo y ahora son una banda de rock progresivo con una influencia setentera súper marcada.
Desde los primeros acordes del tema llamado “Eternal Rains Will Come”, nos adentra en la onda que traen en este momento. Puro y auténtico rock progresivo con influencias de las bandas más icónicas de este género.
Muchos sabemos que Mike es gran fan del rock hecho en aquellos años, por lo que se nota que últimamente ha escuchado mucho sus viejos viniles y la tónica que quiere para Opeth ahora es esa misma.
El segundo tema es “Cusp Of Eternity”, el cual sin más presentación se destaca por los coros poco usuales en la carrera de la banda. Éste fue el primer tema que salió a la luz pública y que sin ser el mejor del disco, es un track que tiene la marca de la casa, es decir, buenos riffs y teclados espectaculares, pero tal vez el aspecto más sobresaliente de esta canción es la fina ejecución de Axe en la batería. Indiscutiblemente está mostrando que es un tipo hecho para cualquier terreno que le pongan y aquí lo pone de manifiesto.
“Moon Above, Sun Below” es el tercer track y que sin miedo a equivocarme es el mejor de los ocho que trae el disco. Aquí Mike demuestra que su voz clara está en gran forma, además de que las guitarras y el teclado se acompañan de manera fenomenal. Un tema que tiene toda la marca de calidad y caché que Opeth impregna a sus composiciones. Otra mención especial es la ejecución del bajo a cargo de Martin Méndez, como siempre, marcando una base sólida a todo lo que ofrece la banda.
El cuarto corte es “Elysian Woes”, que sin más, es una buena balada, pero sin llegar a ser de las mejores de Opeth ya que tiene el listón muy alto con temas como “In My Time Of Need”, “Burden” o “Credence”.
En alguna entrevista previa en meses anteriores, Mike había señalado que haría una canción-tributo a una de las bandas que más le han influenciado, por lo que el quinto track del disco se llama “Goblin”, igual que aquella gran banda italiana de los años setenta. Un corte instrumental de puro rock progresivo y que pudo haber salido de una buena sesión de improvisación que tuvieron por ahí.
“River” es otra de las canciones más finas, hermosas y posiblemente el segundo mejor de Pale Communion. Una belleza de melodía que tiene de todo, guitarras acústicas perfectamente elaboradas, un bajo tocado impecablemente, duelo de excelentes solos de guitarra entre Mike y Fredrik, así como una batería y un teclado ejecutados con auténtica maestría. Durante el 1:05 que dura el duelo de guitarras mencionado, todos los instrumentos salen a relucir de una manera majestuosa. Cada acorde tiene un por qué y nada en esta canción tiene desperdicio. Una verdadera joya.
A continuación tenemos “Voice Of Treason” que sin mucho es un buen corte, pero tal vez el menos sobresaliente de todos. Un track a medio tiempo con un riff potente y con un trabajo de voces y teclados más elaborado. Casualmente, el único doble bombo del disco lo encontramos casi al término de esta canción.
Por último y para cerrar con broche de oro tenemos “Faith In Others”, que sin más, con escuchar las primeras notas sabrás que es una belleza. El trabajo del teclado está más presente que en ningún otro track, por lo que le da un toque especial. Si tuviéramos que resumir en una sola palabra esta joya diríamos…melancolía. Una pieza espectacular donde la interpretación de Akerfeldt en las voces es perfecta, así como toda la melodía.
En definitiva, Pale Communion es un ‘discazo’ de puro y fino rock progresivo, tocado por la mejor banda de death metal progresivo del mundo. Opeth se encuentra en un nivel espectacular, pero en esta ocasión la mención especial se la lleva Axe en la batería. Majestuosa su labor. También, no podemos dejar de mencionar que Joakim ha encajado excelentemente porque demuestra que está a la altura de lo que requiere esta fenomenal banda.
La crítica más grande que podría surgir de este disco es, ¿por qué ponerle el nombre de Opeth a un disco así? La respuesta es muy sencilla… Mike es quien toma las decisiones. Muchos estarían contentos si los dos últimos discos de la banda hubiesen sido del grupo “Mikael Akerfeldt Project” y no de “Opeth”, pero como dijimos anteriormente, es la banda de Mike y está haciendo lo que le viene en gana con ella. Bien o mal, eso está sucediendo.
Para finalizar, Opeth está vivo y le queda mucho por recorrer. Ojalá, algún día nos vuelvan a dar un joya de death metal, pero mientras no llegue eso, disfrutemos esta etapa que sin dudas es sublime.