Lamb of God; Into Oblivion
Por: Eleazar Trejo
Lamb of God lleva más de 20 años siendo una de las referencias más grandes del metal moderno. Gracias a su entrega y trayectoria ascendente, su influencia y legado están asegurados por el resto de la historia. Basta ver los tremendos discos que nos han dado a lo largo de estos años. ¡Auténticas joyas!
Pero como dicen por ahí, “todo lo que sube, tiene que bajar”, y es más que cierto, ya que se le aplica perfectamente a esta gran banda.
Tras la salida del baterista Chris Adler, se fue gran parte del alma del grupo. Suena descabellado, pero así es. Después de su partida, Lamb of God “perdió” algo que no ha podido recuperar. Han sacado un par de grabaciones con el excepcional Art Cruz, pero que carecen de ese plus que los catapultó a la cima de la escena.
Tuvieron que pasar 4 años para que unos “cincuentones” reinventaran su carrera con el mejor material hecho desde el 2020.
Tan es así que, la marca registrada está impregnada desde las primeras canciones del disco. Into Oblivion, Parasocial Christ y Killing Floor están compuestas con los riffs y hostilidad del grupo que apabulla a quien sea, como sea y donde sea que se presente. ¡Tremendos!
Por otro lado, aparecen Sepsis y El Vacio, que pasarán al olvido rápidamente. Nada fuera de lo común.
Luego, el momento estelar del disco llega con St. Catherine’s Wheel, y la ya sonada y excepcional Blunt Force Blues. Si quieres comprobar que el Cordero de Dios está de nuevo en una etapa punzante y de estado de gracia, este es el momento. Dos temazos que mezclan vigor, calidad y una ira visceral que sólo esta banda pueden lograr. Mención especial a los arreglos y ejecución de cada uno de los integrantes en Blunt Force Blues. ¡Maravillosa!
Tras esta andanada de furia y catarsis, llegan Bully, A Thounsand Years y Devise/Destroy para cerrar con broche de oro este disco. Tracks llenos de cambios de ritmo, guturales que llegan hasta lo más recóndito de tu ser, así como unas guitarras impecablemente producidas.
Por último, y a manera de reproche, los miserables 39 minutos que dura el disco no son suficientes para los fans. Trabajos como éste merecen, por lo menos, 15 minutos más. Sólo se les pide una hora de agallas. (¡Ojo! Escucha el disco más de 2 veces para que logres apreciarlo).
En definitiva, el mundo se puede estar yendo a la mierda, pero grupos como Lamb of God nos muestran que aun existe la indignación y, sobre todo, donde refugiarse cuando estás harto de todo lo que ves a tu alrededor.