Korn: The Nothing

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korn-the-nothing-lanzamientos-metal-noticias-sin-categoria Por Ayoria

Korn es una banda que se consagró en la época en la que el nü metal gobernó el mundo, y fue en ese lapso de tiempo donde construyo su base de éxitos. Seamos sinceros: si en sus giras Korn tocara solo los temas desde su disco debut hasta el Untouchables nadie se quejaría, además de que nos ahorraríamos escuchar piezas de discos muy malos de la banda californiana. Sin embargo, eso haría que la banda dejara de producir nuevas canciones, y sorprendernos de vez en cuando con buenos trabajos como este; su treceavo álbum de estudio titulado The Nothing.

Tan solo las gaitas como introducción y el tipo de melodía en “The End Begings” ya te transportaron a esos años en el pasado en los que vestir adidas y ver MTV era la moda. Es un claro regreso al Korn de 1999 que sabemos va a tener contentos a los fans de antaño. “Cold” es un pesado trozo de hielo que te cae en las cervicales y te va a poner a agitar la cabeza sí o sí. “You’ll Never Find Me” continua con ese olor, esa vibra que te hace recordar a aquellos tiempos que hicieron grande a Korn; de verdad la banda supo recuperar esa esencia pero sin sonar reciclada o como auto plagio.

“The Darkness Is Revealing” es oscura y asfixiante, sin duda reflejo de las etapas de tristeza, frustración y enojo que ha vivido Jonathan Davis en su vida personal estos últimos años. Pero la verdadera joya de la corona la encontramos en el quinto track con “Idiosyncrasy”, un tema pesado y descomunal con guturales salidas del infierno mismo y un potente guitarreo que parece una sierra en la cabeza ¡Descomunal!

“The Seduction Of Indulgence” es un tema corto que parece más como una pieza de intermedio, un conector para la segunda parte del disco que debemos decir no es tan excelsa como la primera; aunque no es mala como tal. “Finally Free” es a falta de otra palabra para describirla: rara. Su sonido y coros prolongados rompen un poco el molde crudo y pesado que llevaba el álbum de una manera muy contundente. En “Can You Hear Me” queda de manifiesto la innegable influencia electrónica que siempre ha sido objeto de curiosidad de Jonathan Davis.

“The Ringmaster” y “Gravity Of Discomfort” son temas buenos con mucho groove y bajeo denso acompañado de música pesada y sucia; aunque sin la sorpresa ni la potencia de los primeros temas del disco. Por fortuna esa linealidad termina con “H@Rd3r”, que pisa el pedal pero también hace gala de virtuosismo y técnica, pareciendo incluso que coquetea con el progresivo. El disco termina en desaceleración con “The Loss”, que es un tema emocional y profundo que al final regala unos buenos minutos de poder; para luego como un extenso outro obsequiar “Surrender To Failure”; tema atmosférico y pulcro donde las cuerdas se hacen a un lado para dejar un ritmo de percusión constante y lento, acompañado de una sensación densa de vacío y desesperanza.

Tenemos en resumen un muy buen trabajo de Korn. Sin duda de lo más destacable de sus trabajos posteriores a la era dorada de la banda, con agradecidos guiños al estilo más clásico de la banda pero también con interesantes experimentos en una placa por demás crudo y oscuro.

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