Por Nibsen Solis
Una de las leyes indiscutibles de la vida es que todo tiende al caos, es curioso porque en el arte que se consume en occidente se procura que vaya hacia cualquier dirección pero evitando el caos, yo soy el primero en apoyar la producción y limpieza de un producto musical o cinematográfico, pero estamos tan acostumbrados a eso que cuando llegan bandas como Imperial Triumphant, a muchos los puede tomar por sorpresa y hasta causarle un choque.
Es un verdadero triunfo para la música experimental que una disquera como Century Media haya firmado a una banda como Imperial Triumphant, y ¿Qué pasa cuando mezclamos el caos con una producción profesional y con un presupuesto considerable para que quede bien pulida? Pues el resultado es Alphaville.
En el mundo del metal hoy en día hay varias corrientes que dictan las tendencias, como el ya gastado core o el metal de corte moderno que se mezcla hasta con el pop, pero hay una corriente que lleva años tomando fuerza, la de un metal muy obscuro, caótico y disonante, que es el que nos concierne hoy. Por fin, el caos tendrá el lugar que se merece en el arte y el entendimiento del arte de la gente que sólo voltea a ver lo llamado mainstream.
El álbum abre con “Rotted Futures”, canción que nos lleva en los primeros pasos de este túnel que desemboca en la locura. Alphaville tiene y repite los elementos más característicos que la banda pulió en su álbum anterior Vile Luxury, y ésta canción es como un resumen de varios de ellos; baterías frenéticas, disonancia y un bajo que se mueve por todo el diapasón, a esto se le agregan algunos coros que repiten la frase Behold the future, la cual considero resume muy bien el álbum y curiosamente la realidad en la que vivimos, en donde el futuro no tan agradable nos ha alcanzado.
Le sigue “Excelsior”, que abre con un riff de bajo a la walking bass, una canción más rápida y con un ritmo más cabalgante, con un break ambiental en algún punto de la canción que camina sobre el caos y desemboca en el riff principal pero ésta vez, acompañado de la guitarra.
“City Swine”, una canción más lenta y de un carácter ligeramente contemplativo, con disonancias de jazz bastante marcadas que por momentos nos recuerdan a Voivod, un tanto plana pero que a la mitad nos presenta un ensamble de percusiones taiko orientales, en donde la banda es acompañada de nada más y nada menos que Tomas Haake de Meshuggah. Todo adornado con un piano caótico y que poco a poco desemboca en el final de la pieza.
A continuación suena “Atomic Age”, la más larga del álbum y que abre con unos cánticos completamente vintage. Imperial Triumphant repite un poco la fórmula de “Chernobyl Blues” de su álbum anterior, contando nuevamente con la participación de la cantante japonesa Yoshiko Ohara de la banda de doom Bloody Panda. El tema lleva un ritmo algo lento, que de pronto se detienen para presentarte un mero experimento sonoro que consiste en extrañas percusiones fusionadas con voces y una guitarra de fondo que desemboca en un total frenesí en donde Yoshiko deja los pulmones en sus gritos.
“Transmissions From Mercury” abre con una típica pieza de jazz de los tugurios estadounidenses de hace bastantes décadas, lenta y melancólica, que de cierta forma da un respiro a todo el caos del que venimos…y hacia el que vamos, porque pronto la canción se vuelve rápida, pero ésta vez menos caótica, con ciertas melodías más convencionales hechas por coros y un solo de trombón que pulula por cierta sección de la pieza, para mi gusto, una de las canciones más interesantes de éste trabajo.
Nos acercamos al final del álbum con “Alphaville”, que pone sobre la mesa una especie de improvisación disonante muy marcada -porque cabe mencionar que todo el álbum, gira sobre la improvisación- pronto nos adentramos a otro pasaje típico de la banda, un tanto cambiante, con pausas y matices, efectos y ruidos que poco a poco van desembocando en locura y hasta psicodelia y llegan a lo que la banda considera como la cúspide del álbum, unos coros que gritan al unísono ‘Alphaville’ de forma épica y un tanto cinemática, rodeado de armonías y gestos de jazz, pero en su estado más obscuro y torcido que nos lleva de nuevo al desenfreno.
Llegamos al final del álbum con “The Greater God”, rápida y con un aire más obscuro que las demás, desde el título se nota que hay algo siniestro en la canción. Aunque al principio parece una repetición más de la fórmula, de pronto va tomando otros rumbos, no desconocidos pero diferentes, coros con melodías obscuras y de pronto, los instrumentos parecen que son torturados junto a los gritos chocantes de Yoshiko Ohara; estos se interponen con los guturales de la banda y en medio del caos y del constante doble pedal se vuelven de gritos agudos a guturales agónicos y putrefactos, que nos llevan al ya casi inminente final de la obra, conducida por una batería improvisada y nos coloca en esas armonías jazzeras, disonantes y obscuras, pero con un aire de paz y melancolía, es como encontrar la paz en la muerte después de una vida tortuosa, caótica y desenfrenada.
El álbum tiene dos bonus tracks bastante curiosos, uno es un cover de Voivod, una versión mucho más obscura, extraña y grotesca de «Experiment» y otra es un cover de «Happy Home» de The Residents, que si de por si la canción original es extraña, porque no podíamos esperar menos de dicho colectivo vanguardista, la versión de Imperial Triumphant la hace un aún más extraña.
En conclusión podemos decir que Imperial Triumphant se está consagrando como una de las bandas del verdadero vanguardismo más importantes de la actualidad, ojalá la Century Media no los limite creativamente y esto de paso a que esa línea de bandas experimentales crezcan. Lo único negativo que puede tener Alphaville es que ya empiezan a sobre explotar las fórmulas ya usadas desde Vile Luxury, aunque esto sea una forma de plantar con firmeza su estilo, mensaje y sonido, corren muchísimo riesgo en caer en lo monótono, también la mezcla y sonido del álbum suena con algo de menos fuerza que Vile Luxury, pero eso podría ser un gusto personal.