Destruction: Under Attack

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Por: Chico Migraña

 

destruction-under-attack-metal Destruction está de vuelta, y en excelente forma. Hoy, cuando muchos declaran insistentemente la muerte del rock y del metal, el trío alemán demuestra que por lo menos a nivel creativo, la sentencia es falsa y el metal –en este caso el thrash- está más vivo que nunca. Si Slayer, Megadeth y Anthrax por ejemplo han dejado su huella en meses recientes con discos que son realmente sólidos –y sólidos lo escribo para no utilizar adjetivos más controversiales-, Destruction levanta la mano por el género desde el otro lado del chardo.

 

Si bien es cierto que por regla los discos perfectos son casi imposibles de lograr y que “Under Atack” no es la excepción, se trata de un paquete brutal, veloz, con melodía, matices, un excelso trabajo en general del sub valorado Mike Sifringer en la guitarra, un sólido ofrecimiento de Schmier en el bajo y voz y una extraordinaria y destacadísima labor de Wawrzyniec «Vaaver» Dramowicz en la batería.

 

Probablemente quienes se quedaron en la época de Mad Butcher le encontrarán más fallas que aciertos pero a mí me gusta escuchar los discos sin reservas previas, es decir, sin darle tanta importancia al pasado. En ese contexto, pensando en Destruction como la banda que ofrece en este 2016 el disco llamado “Under Attack”, el resultado es para mí un sólido 9 de 10 puntos.

 

El disco arranca con Under Attack, una canción rápida, muy agresiva pero al mismo tiempo melódica y con muy buenos solos. Uno de los riffs por momentos tiene un saborcito a Exodus y otro es casi como llevar magistralmente al mundo del thrash el sabor clásico del llamado surf rock.

 

La segunda pieza es Generation Nevermore. En ella el ritmo es brutal, una vez más cuenta con excelentes solos que, cabe destacar, en ninguna de las canciones del disco se siente que duren más de lo que deben, lo cual es bastante difícil de lograr. La parte melódica de la canción ofrece guitarra y línea vocal replicándose en sincronía, algo que cuando se hace repetidamente es sinónimo de flojera a la hora de componer pero que cuando se usa sólo de vez en cuando puede funcionar como un buen gancho, y en este caso es justo eso, un buen gancho que te hace recordar fácilmente la letra y tararear la melodía.

 

Dethroned es más rasposa y sucia, un poco más lenta en comparación con sus antecesoras pero cuenta con un destacadísimo trabajo en el doble bombo que le da una especie de “gordura” al tema. Con todo, probablemente esta sea la canción menos estelar del disco.

 

Getting Used To The Evil empieza tipo “balada”, con acordes limpios semi acústicos; cuando se acelera lo hace con un riff lento, macizo y brutal, de esos ideales para matear a gusto. Además tiene una gran definición de sonido de los toms de la batería que le dan un aura vieja escuela totalmente demoledora. Ya a la mitad de la canción entra el doble bombo como base para un riff más rápido y thrashero que le da aún mayor sabor a la canción que, otra vez, ofrece muy buenos solos de guitarra. El ir y venir en el tempo de la canción y los acordes limpios, si bien son arriesgados en el mundo “true” hacen de esta pieza una muy disfrutable.

 

Pathogenic podría describirse como una pieza de thrash ñero tipo Destruction clásico: riff machacante soportado por tarola y hi hat, como en los viejos tiempos. La forma de gritar la palabra Pathogenic en el coro es absolutamente old school y perfecta para hacerla en vivo levantando el puño, aunque algunos puristas dirán que se parece al coro de alguna otra canción clásica del género. En esta canción los solos tienen un aura setentera, incluso con un poquito de efecto wah wah sonando sutilmente por ahí.

 

Elegant Pigs es otra canción en la que el doble bombo y su perfecta definición auditiva te ponen de buenas de inmediato. Ésta tiene un aura punk por ahí, reclamando que se ha perdido el espíritu original y rebelde del rock.

 

Second To None está pensada a favor de quienes padecen ciber bullying, o en su defecto, dedicada a los animales que abusan del anonimato de la red para destrozar todo y a todos, algunas frases en el coro son a varias voces, lo cual enfatiza el desprecio de la banda hacia ese tipo de personas. Musicalmente es bastante rápida y agresiva pero sin olvidar los momentos de melodía, el riff principal es Destruction a tope de su legado. Por ahí del minuto 4 el regreso tras el solo es sencillamente thrash perfecto.

 

Stand Up For What You Deliver. Otra vez de inicio, excelso el trabajo de la batería poniendo la mesa para el riff. Ya más adelante, el riff a media canción parece que será uno más de esos típicos del thrash y de pronto, cuando estás a punto de decepcionarte por el lugar común te lleva a un sitio inesperado y ese es un toque de frescura muy atinado.

 

Conductor Of The Void es otro puñetazo ñero con un poco de sabor punk. No tiene tantos riffs como las otras pero no se siente que le falten, puro poder

 

Stigmatized cierra el disco a toda velocidad. El quiebre a media canción para que entre un mini solo de bajo apoyado con un riff a doble bombo le da un toque de diversidad muy agradable porque son apenas unos segundos que le dan a la canción otra definición ya que de inmediato regresa al machacar del thrash “destruccionador”.

 

Probablemente el detalle menos estelar es que Schmier, a pesar de entregar un trabajo de voz brutal, como acostumbra, por momentos parece un poco repetitivo en sus líneas melódicas o en la forma en la que ofrece vocalmente cada canción. Tampoco es que haya cero creatividad pero algunas partes son un poquito cliché.
Así, “Under Attack” (como “Dystopia” de Megadeth o “Repentless” de Slayer por ejemplo) muestra a una banda que ya no busca agradar a los “godinez” de los sellos discográficos que creen saber lo que la radio necesita para levantar a una banda y que más bien hace la música que tiene en su corazón, pésele a quien le pese. Sin comprometerse con tendencias ni modas, con hambre, con ganas de hacer un buen disco es como Destruction ha logrado que éste sea una joya grande en su corona de 33 años de carrera artística.

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