SHINING: Feberdrömmar (Del Två)
Por: Jorge Rímel
Crónica de un sueño febril que no quiere morir
Hay discos que se escuchan y otros que se sienten como una presencia detrás de ti, Feberdrömmar (Del Två) pertenece a la segunda categoría: un espectro que respira en tu nuca, un recuerdo que nunca viviste, una reencarnación torcida de algo que estuvo vivo hace más de una década y que ahora regresa, más afilado, más extraño, más humano–inhumano.
Niklas Kvarforth no regrabó estas canciones para pulirlas, ni para complacer al coleccionista que cree entender el dolor desde la comodidad de su librero, las volvió a abrir en canal para ver qué más podían sangrar.
Lo hizo invitando a otros a mancharse las manos: Spellgoth, Mirai Kawashima, Philip Dellas, Marko Jerković y Morean, cinco voces, cinco geografías, cinco heridas distintas desgarrando un mismo cuerpo: Shining.
Cada uno canta en su idioma, como si estas composiciones hubieran escapado de sus jaulas originales para caminar libres por el mundo. No son “versiones”; son mutaciones, variantes, Shining en universos paralelos. Shining si hubiera nacido en otro país, en otra piel, con otra tragedia.
La música, mientras tanto, ruge con la calma enferma del que ya dejó de pedir ayuda. Los teclados, nuevos, espesos, fríos, no adornan: sofocan, las guitarras no buscan belleza: la retuercen. La producción tiene ese filo clínico del metal moderno, pero atrapado dentro de un espíritu decadente, casi ceremonial. Como si cada tema fuera un ritual privado donde no estás invitado… pero igual entraste.
Hay momentos en los que el disco parece hablarte directamente: seductor, rabioso, resignado. Otros donde te ignora, como si tú no existieras. Eso lo vuelve más perverso, más Shining.
Lo interesante es que, a pesar de la ausencia vocal de Kvarforth, su sombra está en todas partes. Se siente en el esqueleto de las canciones, en las frases que sobreviven a la traducción, en esa melancolía arrogante que Shining ha perfeccionado con los años: una tristeza que no pide perdón, una rabia que no se excusa, una belleza que te mira a los ojos mientras te clava el cuchillo.
Feberdrömmar (Del Två) no es un disco para fans nuevos. Tampoco es un regalo para los viejos. Un recordatorio de que el pasado nunca está quieto y de que algunos demonios siempre vuelven por ti.
Este álbum no resucita a Shining, lo reimagina, lo pervierte, lo multiplica. Y lo mejor: lo hace sin pedir permiso.